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Nº de Vehículos 4x4: 2 Toyotas.
Nº de Expedicionarios: 6 (4 desde España y 2 residentes en UAE)
Incidencias mecánicas: 1 pinchazo.
Incidencias médicas: 1 faringitis producida por el A/C directo del coche.
Cumplimiento de la ruta: 90% - Cumplimiento de los km de pista: 120%


LA CRÓNICA
(Texto de Luilly, audios de Dr. Jons)

El viaje frustrado del "GAM BABY"

A principios del año 2020 nos encontrábamos inmersos en plena organización de lo que habíamos titulado el Raid del "GAM BABY". En aquella ocasión estábamos ilusionados con llevar a toda la familia a uno de nuestros viajes de aventuras (7 coches, 14 adultos y 11 niños entre 4 y 10 años). Con todos los hoteles reservados y todo el viaje configurado, nos encontramos con que el 14 de marzo se decreta el Estado de Alarma por la pandemia, nos cierran la frontera y nos confinan en casa... fue un golpe devastador para la moral de todos. Luego, bueno, ya sabéis lo que pasó. Mientras escribo esta crónica (04-05-2022) y después de tres larguísimos años, todavía estamos esperando a que abran las fronteras terrestres con Marruecos. 

El logo que habíamos preparado para aquel viaje frustrado en el 2020.


"Un nuevo país. el mismo espíritu"

Era verano del 2021 y todavía no se vislumbraba cambios en la frontera de Ceuta. España y Marruecos, al margen de la pandemia no pasan por un buen momento en sus relaciones bilaterales. Mi hermano Andrés (Teti), residente en Emiratos Árabes, viene de vacaciones a España y nos comenta que ha hecho un par de viajes cortos por el norte del país vecino, Omán. Cuenta maravillas de sus gentes y de los parajes naturales que ha conocido y nos asegura que es un país con muchísimas posibilidades para hacer el tipo de viaje que siempre hemos hecho. Además, estando él en Emiratos disponemos de toda la infraestructura para llevarlo a cabo: billetes de avión a buen precio, coches 4x4, material de acampada, etc. Me parece una idea fantástica, pero claro, la posibilidad que que se sumara más gente al viaje era complicada, aun así le doy mi palabra que aunque fuéramos solo los dos, haríamos ese viaje en marzo de 2022 coincidiendo con las vacaciones de Semana Blanca en Ceuta. 

En fin de año, nos volvemos a reunir y se suman al viaje el Dr. Jons, Carlos y Manolo Tirado. Posteriormente se sumaría Alessandro (amigo de Teti residente en Emiratos) también con su propio 4x4, por lo que el tema de los vehículos estaba resuelto. Habíamos pactado con Teti dos puntos claves del viaje por los que tendríamos que pasar: la capital del sur, Salalah y la playa de los delfines. Esto hacía que fuera un viaje muy ambicioso en kilómetros ya que Salalah quedaba al otro extremo del país a más de 1200 km de Dubai. Al igual que hago siempre que vamos por Marruecos, me pongo a investigar los posibles enclaves imprescindibles de Omán para realizar una ruta donde hubiera pista off-road en todas las de las etapas. Navegando en Google Earth ya empezaba a darme cuenta de lo espectacular del país, famosos por sus wadi (que en árabe culto significa valle). La orografía de Omán le confiere altas montañas en el norte del país muy pegadas a la costa con acuíferos naturales que forman cañones ideales para hacer barranquismo. En el interior, un basto desierto con una de las extensiones de dunas más grande del mundo, el Empty Quarter (en su mayor parte en Arabia Saudí, pero pilla también una parte de Omán). A la mitad del país, los arenales del Wahiba, enormes valles dunas longitudinales dispuestas de norte a sur. La costa este es una verdadera maravilla con playas del índico donde en muchas zonas existe además una barrera de coral que le confiere ese color blanco a la arena. Y en el sur, la selva tropical de Salalah, donde todos los años es tocado por el monzón y se convierte de manera estacional en un auténtico vergel.  Sin duda, el país tenía todos los alicientes para ir a descubrirlo... un nuevo país, el mismo espíritu aventurero.

Llega los primeros "regalitos" para el viaje, www.amazon.ae funciona a la perfección en Dubai.

Tras muchas horas de trabajo en Google Earth ya estaba preparado el primer esbozo del viaje.


2 de Abril - El viaje hasta Dubai con Fly Emirates

Tenemos la suerte de contar con Teti trabajando para la compañía, por lo que contamos con buenos descuentos para viajar. Los cuatro expedicionarios que íbamos desde España cogimos el vuelo de las 15:30 desde Madrid en un Airbus 388 de los nuevos. Viajar con Fly Emirates siempre es un lujo, ¡no existe una compañía que ofrezca tantas ventajas y comodidades al viajero! Gracias al viento de cola realizamos el trayecto en apenas 6 horitas que se pasaron volando (nunca mejor dicho) entre películas recién salidas de la taquilla, la barra libre y el cáterin. 

Al llegar a Dubai mi hermano viajaba también trabajando de vuelta en el vuelo de Casablanca y no había llegado a tiempo, pero no había problema alguno... las cosas de aquel país: nos había dejado la casa abierta para cuando llegáramos. ¿En qué lugar del mundo puedes dejar tu casa abierta con toda confianza de que no vaya a pasar nada? Todavía recuerdo la anécdota que nos contó en su primer año de trabajo allí. Se había llevado la África Twin desde Ceuta en un contenedor y la había matriculado en Emiratos Árabes. Lo primero que hizo con la mentalidad occidental fue ir a comprar un pitón, ¡para que no se la robaran! y extrañados en todas las tiendas de moto le preguntaban que para qué quería eso, que allí eso no existía y no lo iba a encontrar en ningún sitio.

Expedicionarios en la facturación del aeropuerto en Barajas.

Esperando a Teti en su casa, tras nuestra llegada al destino. ¡Primer objetivo cumplido!


3 de Abril - Los preparativos del viaje.

Este día lo teníamos previsto para organizar todo lo que faltase de intendencia para el viaje. Recogimos varias tiendas y colchones que nos prestaron amigos de Teti y fuimos a un centro comercial comprar otros suministros para el viaje. Nos sorprendieron los precios que tienen aquí el equipamiento de acampada como tiendas, toldos, sacos y colchones, estaba todo muy barato ya que es una actividad muy recurrente entre residentes y locales. El resto del día lo pasamos aprovechando el tiempo en la piscina de la casa de Teti. Por la noche fuimos a cenar a un restaurante de la famosa palmera de Dubai con unas vistas a la ciudad espectaculares.

Expedicionarios del GAMSB22 en "El Luchador" la noche antes del viaje.


4 de Abril - 1ª Etapa. De Dubai al Jebel Shams.

¡Empezaba lo bueno! Nos levantamos temprano con la intención de cargar los coches y salir sobre las 9:00 de la mañana. Durante todo el viaje, debíamos acostumbrarnos a empezar las rutas muy temprano ya que por las fechas y la latitud (10º más al sur que Marruecos) los días contaban con poco más de 12 h de luz frente a las 13:30 h que solemos tener en los viajes que hacemos por Marruecos en las mismas fechas.

Emprendemos el viaje con algunas incertidumbres sobre cómo sería el pase de la frontera desde Emiratos a Omán. Para entrar a Omán piden el pasaporte Covid y un de nuestros expedicionarios no lo lleva, debe presentar una PCR negativa que se hizo el día anterior en Dubai. Llegamos a la frontera de UAE y estaba completamente vacía, suponemos que por ser tiempo de ramadán. Hay que pagar unas tasas de salida, diferente para los residentes y los turistas extranjeros (al cambio para los cuatro que no éramos residentes fueron unos 11 euros). Esta frontera fue muy fluida y sin contratiempos, ahora llegaba la de Omán. Allí teníamos que mostrar la visa (previamente sacada por internet en la página oficial) y la "mulkia" de los coches, el seguro obligatorio para circular por Omán con vehículo de Emiratos. El Toyota Fortuner de Alessandro no la tenía sacada, pero allí mismo en la frontera ofrecían expedir dicha documentación por validez de un mes mucho más barato que tenerlo incluido en el seguro. Después de hacer el papeleo y entregar los visados pasamos el último control donde te registran el coche. En el control nos vieron una caja de cerveza que llevábamos y nos hicieron esperar. El alcohol en Omán no está prohibido y de hecho se vende en los hoteles, pero no teníamos muy claro si nos pondrían algún problema al llevarlo nosotros desde Emiratos. El trato con los policías fue siempre cordial, pero he de reconocer que fueron unos minutos algo tensos mientras consultaban con el jefe de la frontera. Finalmente, viendo que éramos un grupo de occidentales y que era para consumo propio, nos dejaron pasar sin más.

El Jebel Hafeet hace de frontera entre UAE y Omán. 

Una vez en Omán, paramos en los primeros bakalitos que encontramos para comprar las tarjetas SIM de teléfono de la compañía Omantel, pero como no llevábamos dinero en efectivo sólo pudimos comprar una con algunos dirhams emiratíes que nos quedaban. Ya buscaríamos una casa de cambio y un cajero en la primera ciudad que encontráramos por el camino.

Como no teníamos conexión por teléfono y los walkis que llevábamos eran unos PRM muy simples, ocurrió la primera incidencia del viaje. Antes de llegar a Ibri en una rotonda, el móvil 2 se confundió y siguió por detrás de otra Toyota Fortuner blanca como la del móvil 1. Nuestras normas que aplicamos en los viajes al desierto funcionaron a la perfección y los expedicionarios del móvil 2 al darse cuenta de que estaban perdidos volvieron al lugar donde perdimos el contacto por emisora. Este incidente nos hizo perder unos 40 minutos.

Una vez nos reencontramos, proseguimos la ruta con dirección a Ibri. Allí, a pesar de ser ramadán, estaban algunos centros comerciales abiertos, cambiamos euros por riales y algunos usaron el cajero automático directamente. Al final, contando las tasas que nos cobran por sacar dinero en el extranjero si se hace de una vez no parece que compense venir cargado de euros para cambiar. Aprovechamos aquí también para repostar y hacernos con las tarjetas de teléfono. Esta parada, estaba prevista y era obligatoria para empezar el viaje. 

Pasado Ibri, tomamos una desviación hacia el este con dirección a las montañas de la cordillera del J. Al Khadar. Como primer objetivo nos marcamos la visita al primero de los wadi que exploraríamos, el Wadi Damm. Aparcamos a la sobra donde hicimos el avituallamiento y nos fuimos a explorar a pie la zona. El lugar parecía muy seco y no sabíamos si encontraríamos con agua las pozas que habíamos visto por las imágenes satélites. A unos 500 metros nos encontramos con una canalización que si que llevaba agua y un poco más adelante con una presa. Seguimos remontando el río, cada vez el cañón se iba estrechando más y más. Finalmente, encontramos las primeras pozas donde nos dimos el primer baño en aguas omaníes.

Jebel Misht "El Sultán de Arabia" pared emblemática para escaladores.

Wadi Damm (Damm = presa en árabe)

Sobre las 6 de la tarde, y ya empezando a atardecer, emprendimos nuevamente la marcha hacia el destino final de la etapa, el resort de montaña Sama Height en el Jebel Shams. Tuvimos que hacer unos cuantos kilómetros de pista (los primeros del viaje) en el ascenso a la montaña de más de 2.000 m. Llegamos al resort sobre las 7:15 ya de noche. Como habíamos hecho la reserva esa misa mañana por Booking no les había llegado todavía la confirmación y no estaban preparados para nuestra llegada. Nos dieron las habitaciones y nos comentaron que la cena estaría lista en 1 hora.

Hizo una noche espectacular con un cielo plagado de estrellas. El resort era entero hecho de casas rústicas de piedras y tenía una zona habilitada al abrigo de una cueva donde hicimos una hoguera y echamos las primeras risas del viaje. 

Para finalizar el relato de esta primera etapa os dejo el particular punto de vista del Dr. Jons con la crónica de la jornada contada de viva voz. 


5 de Abril - 2ª Etapa. Desde el Jebel Shams a los arenales del Wahiba.

Viendo que se nos había quedado corto el día en la jornada anterior, decidimos levantarnos pronto y desayunar a las 7:30. Teníamos planteado hacer los 25 km de ida y vuelta hasta la cumbre más alta del Jebel Shams (2.980 m), pero por ahorrarnos tiempo al final fuimos a visitar el mirador que teníamos al lado. El lugar era sobrecogedor, se abría ante nosotros unas vistas espectaculares del gran cañón que ha ido formando el río Ghul entre bastas y altísimas montañas. Posteriormente iríamos a realizar el trayecto por abajo para contemplar el cañón desde otra perspectiva. 

Si desde lo alto ya nos había sorprendido el sitio, cuando recorrimos los 7,5 km por el interior del Wadi Ghul, entre altas y estrechas gargantas la sensación que tuvimos fue la de ser todavía más insignificantes ante la magnitud de estas montañas. Se hizo inevitable hacer comparaciones con lo que conocíamos en Marruecos, aquellas gargantas nos recordaban a las del Todra en un principio y a las del Jaffar en el tramo más angosto, produciéndonos la misma sensación de sobrecogimiento al encontrárnoslas por primera vez. 

Amanece en el Sama Heights Resort.

Gran Cañón del Wadi Ghul desde lo alto.

Gargantas del Wadi Ghul.

Casitas al final de la pista del Wadi Ghul.

Tras hacer el camino de ida y vuelta por el interior del Wadi Ghul, cogimos carretera con dirección al pueblo de Al Hambra, donde repostamos combustible y hielo para las neveras e hicimos la compra del día. Estuvimos valorando la posibilidad de visitar el pueblo de montaña de Misfah al Abriyyin o la Cueva de Al-Hoota que nos pillaban cerca, pero desconocíamos cómo serían los últimos 40 km de pista entre las dunas hasta el resort donde hacíamos noche por lo que preferimos continuar sin más paradas hasta la entrada al Wahiba Sands. 

Omán tiene dos grandes zonas de desierto de arena. Una está al oeste, es el Empty Quarter, uno de los desiertos de dunas más extensos del mundo, aunque su mayor parte lo ocupa en el país vecino, Arabia Saudí. La otra zona de desierto de dunas en Omán está centrado al este, es el Ramlat Wahiba o como lo llaman algunos el Sharqiya Sands (las arenas orientales). Es una basta extensión de más de 10.000 km2 con grandes valles que forman altos bancos de dunas que se distribuyen longitudinalmente de norte a sur. El resort donde hacíamos noche era el Thousand Nights Camp y estaba en el interior del Wahiba, accesible únicamente en vehículo 4x4.

Antes de llegar al pueblo de Bidiyah (donde comenzaban las dunas), decidimos llenar los depósitos hasta que no cupiese una gota, ya que nos esperaban más de 150 km de arenales sin poder repostar. Al salir de la gasolinera y acercarnos al pueblo, un Nissan Patrol blanco nos empezó a hacer luces y poner el intermitente pidiéndonos que nos parásemos en el arcén. En primera instancia tratamos de ignorarlo pero viendo que no le hacíamos caso empezó a hacernos adelantamientos de manera temeraria, por lo que finalmente nos obligó a parar. Cuando nos bajamos del coche para recriminarle su actitud, el hombre se vio sorprendido por nuestra reacción, nos decía que sólo quería saludar y preguntarnos si necesitábamos guía para llevarnos por las dunas. Teti hablando con él en inglés le reprendió su actitud ya que desde luego, aquella no era manera de abordar a los foráneos. Al final el "guía" se dio cuenta de que aquí no iba a rascar ni un solo rial y se despidió sin más. Tras este episodio bromeamos diciendo por la emisora que parecía que estábamos como en casa, como cuando somos abordados en Marruecos por los 4x4 de los talleres llegando a Zagora. 

Ahora sí empezaba lo bueno, 40 km de pistas de arena hasta el resort. En principio no desinflamos ruedas, ya que, parecía que el firme era compacto. Sólo cuando hubo que salvar un repecho de dunas de unos 3 km para enlazar con el siguiente valle, fue cuando decidimos bajar presiones y dejarlas a 1,2 bar. El tramo de dunas igualmente fue sencillo de conducir ya que estaba lleno de roderas, aunque nos hacía pensar que a este hotel no podía llegar cualquiera, se necesitaba si o si un vehículo 4x4. Al final, llegamos sobre las 15:45 al destino, más temprano de lo previsto puesto que los km de pista fueron mucho más fácil de hacer de lo que esperábamos.

Repostando antes de llegar a Bidiyah.

Bidiyah: último pueblo antes de adentrarnos en las dunas del Wahiba.

Habiendo llegado tan temprano al resort, decidimos alquilarnos unos quads y hacer una miniruta por las dunas al atardecer. Fue una experiencia muy guapa para nosotros, aunque no se si pensará lo mismo el guía... ese día se ganó bien el sueldo hahahaha.

Relajados esperando el atardecer para la ruta en Quads.

Deliciosa cena con platos árabes variados.

Aquí os dejo la crónica de esta segunda etapa narrada por el Dr Jons (audios extraídos del grupo de whatsapp que creó para compartir el viaje en directo con gente del GAM y allegados).


6 de Abril - 3ª Etapa. Arenales del Wahiba, "Las maldivas de Omán" y Sugar Dunes.

Hoy nos levantamos temprano, teníamos ante nosotros la etapa que a priori era la más dura del viaje. Debíamos atravesar los 114 km de los arenales del Wahiba que nos quedaban hasta pisar asfalto en la costa y aunque habíamos estudiado los tracks no sabíamos exactamente la dificultad que guardarían los tramos de dunas que debíamos de atravesar, sobre todo en el último tercio. Tomamos un contundente desayuno y encaminamos la ruta encomendándonos al "espíritu del desierto". Los primeros kilómetros transcurrían sobre el valle que formaban los imponentes bancos de dunas que teníamos a ambos lados, fueron divertidísimos, verdaderas autopistas de arena compacta que hicieron las delicias de los conductores. Íbamos comentando lo espectacular del paisaje ya que en todos nuestros viajes por Marruecos, nada se parecía a lo que estábamos haciendo. En un momento dado, vimos una manada de dromedarios salvajes en lo alto de las dunas de nuestra izquierda y decidimos desviarnos hacia ellos ascendiendo por las dunas para fotografiarlos de cerca. Igual que ocurre con las dunas de Dubai, éstas son de arena bien compacta y conseguimos alcanzar sin mayores dificultades la cumbre donde estaba la manada (he de decir que fue la confianza de Teti a los mandos de la Fortuner la que nos llevó hasta ellos). 

La pista no hacía más que mejorar, grandes extensiones de arenales muy fáciles de conducir nos llevaron hasta una gran mezquita construida en medio de la nada (el punto más cercano a carretera quedaba a más de 50 km). Resulta increíble que dediquen tal cantidad de recursos para construir una mezquita en este remoto lugar. Parecía de reciente construcción y no había nadie en los alrededores. El track atraviesa también un par de jaimas beduinas donde tenían un cartel avisando que disponían de gasolina. 

El último tramo fue cambiando la forma y el color de las dunas, más amarillas y pequeñas; aquí si encontramos algo más de arena suelta haciendo saltar de vez en cuando el control de tracción del coche. A unos 20 km de la costa ya se podía intuir que estaba cerca, el olor a salitre lo delataba. Bromeábamos diciendo que parecían las dunas de Maspalomas en Gran Canarias. Llegados al poblado de pescadores de Qahid pisamos asfalto e inflamos las ruedas con nuestro compresor teniendo la sensación de haber hecho una de las mejores rutas que el GAM haya hecho. 

Gran Mezquita Sagrada del Sultan Qaboos en mitad de la nada.

Para revivirlo nada mejor que volver a escucharnos en los comentarios que íbamos haciendo mientras conducíamos por el Wahiba. Dejo el siguiente video resumen, en esta ocasión dejando los audios originales. 

Hicimos los 114 km de pista en apenas 3 horas contando las paradas para las fotos. Nos habíamos ventilado el tramo "más duro" del viaje en un plis plas. Llevando muy bien la hora del día, hicimos otros 95 km de carretera hasta la gasolinera más cercana en las inmediaciones del pueblo de Mahout y allí decidimos hacer la incursión al Bar Hickman para darnos un chapuzón en lo que en aquí apodan ¨las maldivas de Omán". Eran unos 100 km añadidos de pista de ida y vuelta. Mereció muchísimo la pena llegar hasta el lugar, una manga de arena blanca coralina que separa el mar de una laguna interior, frecuentada por amantes del Kite Surf. Es un lugar que habíamos investigado previamente al viaje, pero que en principio no teníamos pensado visitar puesto que íbamos con el tiempo justo. Allí hicimos el avituallamiento y nos dimos un merecido bañito en las aguas del índico.

La pista para entrar y salir al Bar Hickman era una extensa llanura que daba la impresión que de vez en cuando debía inundarse puesto que se podían ver restos de corales en algunas zonas que pudieran haber sido arrastrados por los temporales. 

Después de esta incursión, proseguimos la ruta hacia el destino final del viaje, la playa de las dunas de Azúcar donde teníamos previsto hacer acampada. Antes, paramos en el pueblo de Mahout para comprar enseres y pescado fresco para prepararlo en la cena. 

Llegamos a la playa de Khaluf justo a la hora del atardecer recorriendo los últimos 14 km por la playa con una panorámica idílica con el reflejo de las dunas blancas a nuestra derecha y las bandadas de pájaros alzando el vuelo desde la orilla a nuestra izquierda. Llegamos al lugar de la acampada justo en el momento del ocaso, rápidamente nos salimos de los coches para captar con nuestras cámaras una puesta de sol alucinante sobre el mar de dunas blancas.  

Pasamos una noche espectacular cenando un par de Urtas de 2 kg a la parrilla que nos preparó nuestro chef Manolo Tirado y celebrando alegremente la etapa que habíamos vivido. En la madrugada, pudimos contemplar un fenómeno único de la naturaleza. La marea había apartado la orilla un centenar de metros y cuando nos acercamos en la oscuridad de la noche, un espectáculo de luces surgió ante nuestros ojos. No dimos crédito a lo que estábamos viendo. Con cada ola, ¡el mar se iluminaba como fuegos artificiales!. El plancton bioluminiscente nos brindó una de las mejores experiencias de nuestras vidas (lástima que la cámara de nuestros teléfonos no pudieran captar el momento).

7 de Abril - 3ª Etapa. Sugar Dunes - Cala Minji.

Amanece sobre las 6 de la mañana en Sugar Dunes y Carlos como tiene costumbre se levanta temprano. Recorre la playa al alba investigando la zona y encuentra restos del esqueleto de una tortuga. Poco a poco se van levantando el resto de expedicionarios. Preparamos un buen café arábigo (negro y de sabor intenso) y nos ponemos en marcha. Hoy toca etapa de transición, casi en su totalidad por carretera, para avanzar más de 400 kilómetros de camino al sur del país. La idea es ir costeando hasta la playa de Minji donde se encuentra una cala remota que debíamos investigar como sitio para hacer la segunda acampada del viaje. 


Nada más salir de la playa nos topamos con una gran industria de sal. Salimos a carretera y en la primera gasolinera que encontramos paramos para repostar. En la misma gasolinera había un taller de ruedas por lo que aprovechamos para que arreglaran el pinchazo que traía desde Dubai el Land Cruiser en una de sus ruedas traseras. 

La primera parte de la etapa de hoy pasa por la ciudad costera de Duqm. Se ve que esta ciudad es una zona industrial importante en el país puesto que por primera vez en el viaje encontramos mucho tráfico rodado, había que conducir con mucha precaución. 

Pasado Duqm tomamos el desvío para seguir haciendo la carretera pegada a la costa. Una vía secundaria totalmente solitaria que contrastaba con el enjambre de coches y camiones que acabamos de pasar. En un momento dado a la hora del almuerzo, nos desviamos por ramales de pistas hacia la costa para hacer el avituallamiento en la playa. Toda la zona se ve mucho más humilde de lo que Omán nos tenía acostumbrado, las viviendas de los lugareños son barracones y hay infinidad de pateras varadas en la playa, con mucha suciedad que trae el mar y que nadie se preocupa por limpiar. 

Después de comer continuamos la ruta. En las inmediaciones del cabo Ra's Sawqirah la carretera asciende repentinamente a una meseta por una pendiente que sería inconcebible en los estándares europeos. Antes de hacer los últimos 18 km de pista hacia la playa de Minji, nos internamos en el pueblo de Sharbathat para buscar hielo para las neveras y pescado fresco para la cena. Los supermercados de este pueblo no tenían hielo, pero un lugareño nos invitó a que le siguiéramos para llevarnos a la fábrica. Resulta que en este pueblo, todo lo que se pesca (sobre todo langostas) va directamente exportado a Dubai con camiones cargados que salen diariamente. Conseguimos hielo a granel en la fábrica pero no nos podían vender nada de pescado ya que todo el género estaba perfectamente pesado para su exportación. 

Cala Minji - "La cala fantasma".

Enfilamos la pista hacia la playa de Minji, todo estaba muy desolado aunque se veían muchos chambados en la orilla habilitados para hacer camping. Pasada la playa de Minji, nos desviamos por una pista de reciente construcción que habíamos descubierto por las imágenes satélites de Bing (ya que en las de Google todavía no aparecía). Esta pista de unos 3 km era solo practicable con coches 4x4, tenía mucha piedra suelta y alguna pendiente que subimos usando reductora. Sólo tiene una dirección, termina en una cala paradisiaca totalmente recóndita, ¡el sitio era increíble! Altas paredes de rocas daban abrigo a una playa salvaje. En su lado más pegado al cabo se encontraban unas pozas de agua dulce con unas cascadas que cuando lloviera tendrían que ser espectaculares. Estuvimos mirando el mejor lugar para hacer la acampada, lo más bonito era al fondo de la cala, pero debíamos bajar todos los enseres desde la pista a la playa encaramándonos por las rocas. Hicimos una cadena humana y en un momento teníamos todos los bártulos en la playa. 

Una vez asentado el campamento, empezamos a descubrir cosas extrañas en el lugar. Toda la playa estaba repleta de esqueletos de peces globos, más de uno se llevó un buen pinchazo al andar descalzo. Al ser un sitio tan remoto, la limpieza de la playa brillaba por su ausencia. Al lado de los coches, encontramos un refugio de fortuna, hecho con unas alfombras y unos harapos y en los alrededores restos de botellas con un extraño líquido y huesos de animales. Alessandro bromeaba con las historias de brujería que había escuchado que se daban en Omán y ya empezamos a ver el lugar con otros ojos. No había un ser humano a menos de 20 km a la redonda pero todos coincidimos a en los días posteriores en la sensación de que aquel lugar se desprendía un aura misteriosa y que parecía estar diciéndonos algo. 

Para la cena tiramos de buen queso y latas de callos y fabada que traía Carlos de España. Esto aquí, ¡sabía a gloria! La segunda noche de acampada del viaje solo hacía más que mejorar lo que ya habíamos vivido. 

Sobre las 4 de la madrugada algunos expedicionarios con el reloj biológico sincronizado nos levantamos para evacuar lo bebido durante la cena, aunque curiosamente, sin que nadie se percatara de la presencia de los demás. Fue una situación extraña que comentamos al día siguiente: en la soledad de aquella remota cala, con el sonido sordo de las olas rompiendo y la silueta de las altas paredes de roca que contrastaban con el cielo plagado de estrellas... tuvimos todos la misma sensación, como de estar siendo observados. Definitivamente, aquel lugar desprendía algo indescriptible... 



  

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